Producir no es avanzar

Señal equivocada

Más entregas no significan progreso.

Puedes producir todos los días y no mover nada que importe. Iterar rápido sobre algo que no funciona no acelera el avance, solo multiplica el ruido.

El sistema no distingue entre movimiento e impacto, solo registra actividad. Y cuando mides actividad, acabas optimizando frecuencia en lugar de resultados.

Objetivo equivocado

Cuando era niño me despertaba cada fin de semana con el ruido de maquinaria frente a casa. Era mi padre, empezando las obras antes de que saliera el sol. Crecí viendo que el esfuerzo era una virtud. Me lo enseñó con orgullo.

Durante años pensé que ahí estaba la diferencia. Mi padre era profesor y repetía que los alumnos que más lejos llegaban no eran los más brillantes, sino los más trabajadores. Y tenía razón. Sin trabajo no se construye nada. Esa base es sólida.

El problema vino después. Confundí trabajo con progreso. Creí que el mérito estaba en hacer más, en esforzarme más, en no parar. Tardé tiempo en entender que ni el trabajo ni el talento son lo que te separa del resto. Lo que marca la diferencia es elegir bien dónde pones el esfuerzo.

No todo el trabajo pesa igual. Hay trabajo que empuja el sistema y trabajo que solo lo mantiene ocupado. Una pequeña parte del esfuerzo genera la mayor parte del resultado. El resto no es inútil, pero tampoco es lo que mueve el proyecto.

Lo invisible

El sistema tiene una debilidad estructural. No sabe medir el valor de pensar. No sabe medir el valor de tomar decisiones difíciles. No sabe medir el valor de asumir riesgos.Solo puede medir lo que ve. Y en un proyecto técnico, lo visible se convierte en líneas, commits y entregas. Cantidad. Frecuencia. Movimiento.

Medir progreso así es como medir el arte en botes de pintura. El que pinta edificios enteros genera más señales de trabajo que Velázquez. Más metros, más material, más actividad. Y, sin embargo, menos valor.

Cuando confundimos señales con progreso, empezamos a optimizar lo superficial. Mucho commit. Mucha entrega. Poco avance real.

Acción-reacción

El sistema mide cantidad. El resultado es injusticia.

Quien asume responsabilidad produce menos kilos visibles. Menos líneas, menos commits, menos ruido. Su trabajo pesa más, pero ocupa menos espacio. El sistema no sabe verlo y lo castiga.

Como todo sistema de incentivos, esto genera un juego. Si aprendes a jugarlo, ganas. Entregas mucho, rápido y visible. No importa si tiene valor. Importa que cuente. El trabajo que luce suma más puntos que las decisiones que sostienen el proyecto.

El resultado es predecible. Burnout, pérdida de talento, desmotivación y caída de estándares. Los mejores se agotan o se van. Los mediocres aprenden a optimizar la señal.

El daño no se queda en el equipo. También alcanza al manager, especialmente al no técnico. Se le empuja a confiar en métricas que no explican nada y en discursos que no puede verificar. Mientras tanto, los técnicos cargan con un trabajo paralelo. Interpretar el sistema, leer entre líneas y sostener una realidad que las métricas no alcanzan.

Eso no es mala gestión. Es un sistema mal diseñado reaccionando exactamente como se espera.

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